UN GRAN PRÓCER CANARIO: SECUNDINO DELGADO RODRÍGUEZ

Por Miguel Leal Cruz

Las recientes declaraciones que el polifacético tinerfeño Ángel Isidro Guimerá ha efectuado recientemente en una entrevista para este mismo rotativo lanzaroteño, en torno a la figura de Secundino Delgado y la enseña canaria más aceptada desde todos los tiempos, como conocedor de ciertos procesos históricos a más de defensor de nuestro nacionalismo (en el que milito), nos dan pábulo y argumento para efectuar una semblanza de dicha figura. Es natural que experimentemos cierta desilusión hacia la persona del considerado amigo e integrante, como independiente, del Partido Nacionalista Canario histórico por estas declaraciones hechas tal vez con precipitación. Por que ¿Alguien sensato reniega de figuras trascendentales del pasado, precisos y necesarios para la lucha ideológica en la obtención de un espacio político? Hasta Manuel Hermoso defendió su postura y escribió sobre el mismo Secundino Delgado en el periódico El Día de Tenerife.

Por que es claro que uno de los más preclaros próceres defensores del nacionalismo canario, con enorme protagonismo en Cuba es, sin duda, Secundino Delgado Rodríguez.

Ninguna institución cultural de nuestras islas podrá obviar la figura de este otro de los canarios que se formaron en América y desde la que lucharon por los ideales que consideraban más apropiadas para sus islas africanas y tan malamente administradas por España y su viejo entramado colonial.

Desde los inicios del siglo XX, canarios residentes en América que captaban la opresión caciquil del sistema social imperante en estas Islas, pensaban la viabilidad de un Estado canario independiente de España, al igual que los, por aquellos momentos, emancipados de Cuba, Puerto Rico o Filipinas. En 1924 se constituyó en La Habana el Partido Nacionalista Canario, que no tuvo gran aceptación, por falta de verdadero conocimiento a lo que sumamos la presión contraria de la prensa, en las propias Islas Canarias ni en su política partidista de ámbito español, si bien constituyó un referente histórico que ha encauzado ideales nacionalistas.

Nació Secundino Delgado en la calle San Lucas de Santa Cruz de Tenerife, en 1867, aunque viviera mucho tiempo en el pueblo de Arafo. Marchó a Cuba muy joven, como tantos otros canarios de su época, buscando mejores condiciones de vida, que como a tantos canarios les era negada en su propia tierra, consecuencia de la referida formulación caciquil y demás fórmulas represivas imperantes. Allí entrará en contacto con revolucionarios cubanos y canarios unidos por un mismo ideal en torno a la libertad de aquella isla antillana con problemática similar.

Luchó toda su vida, a través de los ideales del progresismo y de la independencia nacional que adquirió en Cuba, por su pueblo canario con el objeto de que despertara de aquel largo letargo de injusticias que le obligaban a emigrar o a malvivir en aquella sociedad injusta y clasista en la que disponían de la renta un 3% de sus habitantes frente a la mayoría del resto.

Sin embargo, más tarde, como casi siempre ocurre bajo la presión moral y fáctica, aquel inicial independentista canario intransigente desde Florida y Cuba, torna su ímpetu en los últimos años de su vida para convertirse en un moderado autonomista, tal vez desengañado por las circunstancias que le tocó sufrir. Culminaron con su detención el 2 de marzo de 1902 por orden del General Weyler, que dispuso su prisión en una cárcel de Madrid. Lo que aquel general, dignificado como Marqués de Tenerife, no pudo llevar a cabo desde La Habana a pesar del intento en 1896, si lo logró desde su puesto de mando en Madrid, como ministro de la Guerra.

Lamentables fueron los últimos años de su vida. Aquella orden se cumplió y Secundino fue detenido por la Guardia Civil, cuando se hallaba en su casa de descanso de Arafo. Conducido a hasta la prisión de Santa Cruz de Tenerife, para seguidamente ser trasladado a la Modelo de Madrid.

Se llevaron a cabo gestiones para su liberación especialmente por el consulado de los Estados Unidos, que representaba los intereses de Cuba en España dada su nacionalidad cubana. No obstante fue internado en la Cárcel Modelo de la capital de España, donde permaneció casi un año sin recibir el auto de procesamiento, motivo de la detención, ni ser sometido a juicio. Con la intermediación de otro gran canario ante el director de la prisión Millán Astray, Nicolás Estévanez, se logró su libertad y la recuperación de su dignidad.

Durante su estancia en prisión adquirió o agravó la enfermedad pulmonar que padecía (tisis o tuberculosis) y que causó más tarde su muerte, 4 de mayo de 1912, en la casa donde habitaba en la Calle Progreso de Santa Cruz de Tenerife y posiblemente, por contagio, la de sus hijos Darwin y Lila.

El asunto de su detención ilegal había trascendido a la prensa madrileña, a toda la de España y al propio Congreso, donde ningún diputado supo dar razones de aquella medida por desfasada y por ignominia para los canarios.

Hoy en día, y por mor de la aparición de nuevos e inéditos documentos que han aflorado a la luz, las investigación y recopilación que historiadores canarios llevan a cabo acerca del personaje, (en estos días el historiador Manuel Hernández González ha logrado rescatar y publicar los cinco números primeros de El Guanche, semanario editado por Secundino en su etapa de Caracas, a fines del siglo XIX) vamos conociendo nuevos rasgos de la vida de esta mártir del nacionalismo.

El profesor Manuel de Paz Sánchez en homenaje a la revista ROA, dedica a Secundino Delgado el siguiente panegírico: "... al hacer públicos estos materiales, atendemos con gusto a la sugerencia del editor de esta ROA, de cara a contribuir al conocimiento de nuestro pasado histórico mediante la aportación de fuentes inéditas acerca de un fenómeno que, en los últimos tiempos y por diversas circunstancias científicas y socio-políticas-culturales, ha interesado a buen número de estudiosos y profesionales de la historia".

Fue el padre indiscutible del nacionalismo canario ( como en Cuba fue apóstol de su independencia otro canario: José Martí Pérez , el "hijo de la Isleña"). Aquella frase que se le acuña, "...todo por y para la libertad de los pueblos y de los hombres", es de aplicación en las Canarias del siglo XIX y principios del XX. Aquel grito que lanzaba Secundino era apremiante y necesario, y que podía haber hallado eco en la década de los años 30, si otras circunstancias políticas transformadas en guerra civil no hubieran truncando aquel buen deseo ya suficientemente arraigado entre los canarios.

Estamos pues ante la presencia de un insólito personaje que jugándose su bienestar y prosperidad..., por sus ideales prefirió denunciar el mal que aquejaba a las islas y a los isleños, muy a sabiendas de lo que estaba arriesgando en semejante empresa. Conociendo el peligro de un enfrentamiento a la dura administración española, repetía frecuentemente " Qué importan los sacrificios si algún día llega a alumbrar nuestra Patria el Sol de la libertad".

En Cuba colabora con los "rebeldes" en la guerra contra el ejército español de ocupación, y donde pronto será un "elemento peligroso" para los servicios de información del ejército colonial. Acusado de coparticipar en un atentado con explosivos en el edificio del Palacio del Gobierno en La Habana, ha de salir de Cuba y regresar a Tenerife, su isla natal, a principios de mayo de 1896; pero como quiera que el Capitán General era Valeriano Weyler, militar vinculado a Tenerife, y recién nombrado para el mando en la Isla de Cuba, conocedor de su paradero le denuncia por telegrama a las autoridades militares de Canarias, que le perseguirán insistentemente.

Secundino tendrá que huir de su tierra, transcurridos unos nueve meses de su llegada de la isla de Cuba, con la ayuda de numerosas buenos canarios tinerfeños y portuarios que le esconden en un barco con dirección a Venezuela. En Caracas, a los pocos meses y en unión de otro gran patriota palmero, José Esteban Guerra Zerpa (fundador del periódico nacionalista DIARIO DE AVISOS de Santa Cruz de la Palma), editan la revista quincenal, independiente y noticiosa de las Islas Canarias, EL GUANCHE, de la que sólo se publicaron cinco números (ahora rescatados y publicados como queda dicho) por la presión que el embajador de España en Caracas ejerció sobre el presidente venezolano, general Crespo, para que dispusiese el cierre inmediato de la misma y prohibiese toda clase de organizaciones canarias de tipo nacionalista en aquel país. Con estas medidas se da al traste, tanto con la revista, como con el incipiente "club patriótico para la propagación de los ideales que defiende El Guanche", que no eran otros que concienciar a los canarios residentes en Venezuela, en el camino de las aspiraciones que tenían proyectadas para las Islas Canarias. Tan "peligroso" llegó a ser Secundino Delgado que para erradicar totalmente cualquier brote de esta índole que afectase a los intereses españoles, llegó a ser expulsado de aquella República hermana por orden expresa del mismo presidente y dictador General Crespo.

Después de una breve estancia en Curazao, donde al parecer continuó publicando su revista EL GUANCHE, aspecto sin confirmar, pasa a Nueva York donde conoce a otro patricio descendiente de canarios, hijo de Leonor Pérez Cabrera, tiñerfeña de nacimiento: José Martí Pérez, hombre polifacético de vasta cultura y emprendedor, enfrascascado en su proceso emancipador de España para su patria cubana por el que perdería la vida.

Secundino reside en Nueva York donde su espíritu patriótico y de regeneración social y político por la que lucha, hace que esté en constante demanda de todo lo que entiende que perjudica a Canarias y a sus hijos. De ahí que su incansable pluma no cesa en denunciar las tropelías que en el solar patrio se cometen.

Finalizada la guerra de Cuba con su plena independencia, lo encontramos nuevamente en Santa Cruz de Tenerife, alternando su residencia en su pueblo querido de Arafo. Seguirá colaborando en medios escritos, como ya había hecho en EL GUANCHE y EL ESCLAVO, y participará en el semanario VACAGUARE, que se publica en La Laguna, hasta 1902 en que la autoridad española dispone su cierre, y aunque aparece como director el joven Manuel Déniz Carballo, todo apunta a que el verdadero promotor era Secundino. Igualmente colabora como redactor en el semanario EL OBRERO, que se edita en Santa Cruz de Tenerife, igual que en la revista ARTE Y LETRAS y en EL DIARIO DE TENERIFE.

Por estas fechas publica cuatro cuentos que titula: Alegrías y Penas, Clary, Mi Peral y El mejor de los mundos. En 1903 publicará Un golfillo canario.

En 1904, hallándose en la ciudad de Yucatán, publicará su autobiografía bajo el pseudónimo de Antonio Rodríguez López, con el título VACAGUARE (Vía Crucis), vocablo que usaron mucho los antiguos guanches, especialmente en La Palma, durante la defensa de continuos ataques durante más de cien años conocidos, antes que rendirse o caer prisioneros de los castellanos, cuya traducción del idioma aborigen era "quiero morir".

Este ilustre tinerfeño, amante de su tierra como nadie, nacionalista de pro, tenía claro que había que acabar de una vez con las rencillas y discordias que gentes sin amor por Canarias fomentaban en las Islas para provecho de sus intereses personales y de dominio. En este ideal nos dejó escrito: "... despreciad con valor la prensa venal y asalariada que fomenta la discordia entre las Islas, nuestra Patria, con el fin de dividir al pueblo para que el lobo devore con paciencia y gusto su víctima... La emancipación y el mejoramiento de esta Patria, no lo esperemos de esos sabios de librea que asisten a las Cortes para hacer la venia al amor...¡¡ Ah !!, el día que se nos caiga la venda, estas siete joyas volverán a ser como el nombre que llevaban... "

En el periódico VACAGUARE, puntualiza lo siguiente: "... que nuestro periódico, aunque vea la luz propia en Tenerife, no es un periódico tinerfeño, sino un periódico CANARIO; que todos los desmanes, todos los errores, todas las injusticias que en nuestras islas se realicen, sea de donde sea, en ciudad, villa, pueblo, villorrio o caserío, todo lo haremos público, sin temores de ninguna especie; que anhelamos el bienestar que por derecho y ley natural corresponde disfrutar los hijos de estos siete hermosos peñones, y que tras ellos marchemos, puesta nuestra confianza en la razón que nos asiste, y en la indudable creencia que tenemos de que no habrá un solo canario honrado que no secunde la misión que nos hemos impuesto...y finalmente arengaba con su sempiterna frase: Pueblo de las Islas Canarias... ¡Viva nuestra autonomía!"

El periódico LA PRENSA de Tenerife, publicó en su número de fecha 28 de junio de 1936, una magnífica apología de carácter editorialista sobre Secundino y su ideal para estas islas, cuyo artículo, que aparece sin firma pero reflejando una justa semblanza de nuestro patricio, dice: " Secundido Delgado representó en Tenerife, durante toda una época, el patriotismo más fervoroso y exaltado. No había cuestión de interés para el país que él no recogiera, entregándose de lleno a su defensa o repulsa según la índole que presentaba, sin medir en la lucha la calidad e importancia del enemigo, ni el alcance de las propias fuerzas.

Todo por Canarias, todo por Tenerife, pudo ser el lema de su blasón, de vivir las épocas heroicas de la caballería. Pero vivió Delgado en otros tiempos mucho menos hidalgos, en los que su esforzado temple, aún por los que más le admiraban y querían, se tachaba de "quijotismo" y sufrió incomprensiones sin cuento y solo, enteramente solo, hubo de soportar... , las consecuencias de una ruda persecución.

Con su generoso afán con su soberbio fervor patriótico, llegó a América, al expatriarse, Secundino Delgado, y luchó sin descanso hasta la muerte. Como su permanencia en Canarias, al llegar a Caracas, primer punto de su residencia en tierras de América, participó en asambleas, mítines y reuniones de la colonia isleña; pregonó el entusiasmo de sus ideales y fundó como portavoz de sus empeños, una revista quincenal "El Guanche", en colaboración con otro canario, José Guerra, desde la que dio el grito de independencia que habría de ser cifra de los fervores y afanes de toda su vida.

Violentas, rudas, implacables, fueron sus campañas desde las columnas de "El Guanche", logrando en poco tiempo formar una importante legión de adeptos a su idea; pero, cediendo a presiones del Ministro de España en Caracas, el presidente de Venezuela, general Crespo, hubo de decretar su expulsión del territorio y Delgado hubo de marchar a Curazao, donde prosiguió su cruzada generosa, con el mismo entusiasmo y el mismo ciego afán.

Más tarde hubo de regresar a Tenerife, y ya aquí, en el rescoldo de la hoguera, se ocupó de avivar llamas dormidas, publicando en unión de Cabrera Díaz, Tomás Morales y Díaz Carballo, su famoso "¡Vacaguaré!". Grito de rebeldía y liberación guanche, que hizo suyo, como lema del empeño formidable a que dedicara todos los anhelos de su vida.

No logró la libertad del terruño adorado y, en cambio, perdió la suya. Por orden del general Weyler, a la sazón ministro de la Guerra, Secundino Delgado fue detenido y encerrado en la Cárcel Modelo de Madrid (como se ha dicho)

Había sido detenido injustamente en su pueblo de Arafo, por fuerzas de la recién instaurada Guardia Civil, por temor a focos insurreccionales al modo cubano, en Canarias y conducido a pie hasta Santa Cruz de donde maltratado le embarcarían esposado hasta Cádiz.

El sumario instruido por presuntos actos de terrorismo en la Capitanía General de La Habana, no pudo probar su participación directa en los hechos y, además, no tenían jurisdicción sobre él toda vez que era cubano y Cuba era ya independiente desde 1898.

Poco después murió de cruel enfermedad tal vez producida por los sufrimientos pasados, y lo curioso es que su nombre, casi olvidado en Tenerife al que todo lo sacrificó incluso su vida generosa, se recuerda con cariño y admiración en América, y de modo especial en Venezuela, donde realizó su más intensa y vibrante campaña, y en Cuba, donde todavía viven algunos colaboradores de su formidable pero incomprendido empeño." (este artículo de LA PRENSA como se indica más arriba, se publicó en el año 1936). En el transcurso de su detención , Secundino relata la vergüenza que tuvo que sufrir al caminar esposado y escoltado por guardias civiles durante el desembarco en Cádiz, cual si fuera un criminal traído de las colonias, un monstruo sanguinario y cruel, por lo que estuvo tentado a gritar, relata: " Soy inocente, un hombre de bien; no me juzguéis mal. Toda mi vida la he llevado olvidado de mí y sólo atento al dolor ajeno. Yo siempre he defendido a los débiles... "