El Día , 20-04-2005

La bandera de Canarias

José M. Clar Fernández

COALICIÓN CANARIA (CC), con motivo de celebrar su III Congreso Nacional los próximos días 29 y 30, tiene previsto debatir una ponencia para adoptar la bandera canaria tricolor con las siete estrellas verdes, que ya han adoptado algunos partidos integrados en CC, o que asumen como propia los grupos independentistas de este archipiélago. Esta propuesta, como era de esperar, ha suscitado comentarios de todo tipo, tanto de los seguidores del Movimiento para la Autodeterminación e Independencia del Archipiélago Canario (MPAIAC), que la consideran "su bandera", como los de otros partidos no nacionalistas que ven en esta enseña un símbolo del independentismo canario.

La proposición de CC carecería de importancia si no pudiera constituir un primer paso para modificar, posteriormente, el artículo 6 del Estatuto de Autonomía de Canarias (EAC) y adoptar dicha enseña para la representación de Canarias.

Dada la confusión y hasta desconocimiento existente sobre el símbolo representativo de Canarias, bueno sería conocer un poco su historia.

La bandera oficial de Canarias, la que se describe en el EAC, recoge los colores de las enseñas de las dos provincias que administrativamente la conforman: el azul y el amarillo, representando a la de Las Palmas de Gran Canaria, dada en 1868, y el blanco y azul de la de Santa Cruz de Tenerife, dada en 1845. Aunque la tonalidad del color azul común a ambas banderas no queda especificado en el EAC, es el azul marino, el que corresponde a ambas y no el celeste.

La primera referencia documental que existe de una bandera canaria procede del año 1561, cuando el alférez mayor de Tenerife, Francisco de Valcárcel, recibió de manos del regidor, Pedro de Vergara, la bandera general de la isla que era "de tafetán blanco, azul y amarillo e con una cruz colorada". Colores que, casualmente, coinciden con la actual bandera de Canarias.

Durante los siglos siguientes, nuestro archipiélago no conoció más banderas que las comunes a todos los territorios gobernados por la monarquía española. Fue en el año 1907, cuando el Ateneo de La Laguna izó en su edificio social una bandera con la que se pretendió representar a todas las Islas Canarias. Estaba formada por siete estrellas blancas sobre fondo azul marino, distribuidas según la situación geográfica de dichas islas. En 1924, esta enseña fue adoptada por el Partido Nacionalista Canario, en Cuba.

El movimiento independentista "Canarias Libre", liderado por Fernando Sagaseta, concibió una bandera formada por los colores blanco, azul y amarillo, dispuestos en franjas verticales de igual tamaño y que distribuyó representada en folios de papel durante la romería del Pino, en Teror, el 8 de septiembre de 1961. En 1964, el fundador del MPAIAC, Antonio Cubillo, adoptó esta enseña, pero incorporándole siete estrellas verdes, en forma de círculo sobre la franja azul celeste.

En 1982, se aprobó el EAC, donde se define la bandera de Canarias, que "está formada por tres franjas iguales en sentido vertical, cuyos colores son, a partir del asta, blanco, azul y amarillo" (Artº 6).

CC, pues, pretende ahora que la bandera del MPAIAC, la bandera de Cubillo, pase a ser la propia de los partidos nacionalistas canarios, aunque de facto, algunos de estos ya la han adoptado (Asamblea Majorera, Pil). El MPAIAC, actualmente el Congreso Nacional de Canarias, cuyo presidente sigue siendo Antonio Cubillo, aunque con la boca chica, protesta diciendo que su bandera no es la de los nacionalistas canarios, a quienes vincula con el Estado español, sino la representativa de la independencia del pueblo canario, en el fondo, no le amargaría tal logro, ya que conseguiría poder verla enarbolada en los mástiles y despachos de todas las instituciones públicas canarias, una vez adoptada como bandera de Canarias, que todo podría suceder si no se impone la sensatez y el buen criterio.

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Desde Dentro

El Día, 19-04-2005

El fin de las estrellas

Ricardo Peytaví

Suele comentarse, en tono jocoso, naturalmente, que más allá de sus múltiples facetas, los norteamericanos sólo tienen una religión y una profesión: el sexo y las ventas. En lo primero no entro, al menos hoy. Respecto a lo segundo, si es cierto -y pienso que en gran parte lo es-, parece que por estos alrededores algunos están empeñados en imitarlos. Esencialmente para no perder el tren de la modernidad, debe ser. El caso es que proliferan minoristas de cualquier tipo dispuestos a endosar cualquier cosa. Desde retratos al óleo hasta motos sin ruedas. O consejos políticos.

Desconozco con certeza -nada más lejos de mi intención- quién llama por las noches a Paulino Rivero, o a cualquier líder de CC, para venderle ideas. Aunque me lo imagino. Quizá el mismo que le aconsejó a Ricardo Melchior, y compañía, acudir a la manifestación contra la línea de Vilaflor, con los brillantes resultados de la comparecencia. A vista de lo ocurrido en el País Vasco, parece que la recomendación de arroparse con la bandera de las siete estrellas está condenada a la misma gloria. Se trata, en cualquier caso, de un rudimento fácil de colocar porque los nacionalistas están dispuestos a comprarlo: ante el desastre que supone la división interna, la falta de gestión competente por parte del Gobierno autónomo y la ausencia de cualquier perspectiva sobre un futuro no necesariamente mejor, nada más eficaz que subirse al monte del soberanismo. Después de todo, ni a los vascos ni a los catalanes les va del todo mal. O al menos no les iba hasta el pasado domingo.

El caso es que la moto de la bandera, no ya sin ruedas sino meramente reducida al manillar y espejo retrovisor, la ha comprado CC. O por lo menos la tiene reservada en el concesionario para matricularla en el congreso de fin de mes. No obstante, en estos momentos conviene pensárselo. Si después de tanta bravata Ibarreche y su plan han conseguido cuatro diputados y 141.000 votos menos que en 2001, no le veo demasiado futuro a los radicalismos vernáculos. Sobre todo en las Islas, donde la exaltación patriótica no alcanza los niveles de otros parajes.

Durante meses me he preguntado cuánto tardaría el nacionalismo canario en dar el salto desde el marco constitucional, que hoy defienden sus principales líderes, a la reivindicación de la soberanía. Pensaba que tal mutación ocurriría apenas se agotara el discurso actual. Cuando ya no haya más que ofrecer en los mítines, en las declaraciones a la prensa o en las entrevistas televisadas -eso suponía-, CC seguirá a vascos y catalanes en la senda de la autodeterminación, sin que tal paso sea consecuencia necesaria de un planteamiento ideológico. Simplemente responderá a necesidades menos confesables, que en el fondo sólo buscan encender a las masas para perpetuar la cuota electoral y mantenerse en el Poder. No obstante, a la vista de lo ocurrido el domingo en las Vascongadas, parece que la gente empieza a estar cansada de tanta reclamación sin más contenido que un simbolismo trasnochado. Lo que quiere todo el mundo es cobrar la pensión, ser atendido en los hospitales y andar por la calle sin miedo a la delincuencia. Con independencia de quién administre la Seguridad Social, gestione la sanidad o uniforme a la policía.

rpeyt@yahoo.es  

DiariodeAvisos.com , 22-06-2005

Información y verdad

JOSÉ ANTONIO CEBRIÁN LATASA

Hoy me toca, como ya lo hice antaño, hablar de estrellas. Nuestra historia reciente a partir de la etapa franquista está sazonada por el pactismo condicionado, el parchismo improvisado y la escalada hacia el Poder para, en algunos casos, favorecer la economía personal. Así, por mor de la síntesis, se podría reducir el periodo de la UCD. El del PSOE lo sería por la institucionalización de la corrupción y las quiebras económica, sanitaria y educacional nacional, permaneciendo la escalada por el Poder con fines de lucro personal, también en algunos casos. Fueron años suficientes para que el cáncer social que representan varios nacionalismos provincianos fructificara y nos mantuviera inmersos en la enfermedad guerracivilista que crónicamente nos aqueja desde que perdimos el tren de la modernidad. La consecuencia fue que nos estrellamos, que vivimos estrellados.

La limitación del espacio periodístico y la actualidad nos fuerzan a que elijamos un tema para alertar al potencial votante que, con ese poder no pequeño, tiene la posibilidad de excluir en su día al político inepto, indigno y corrupto, características que han acrisolado un número relevante de los que han venido llenando los cuadros presentados por varios partidos, y posicionar en los puestos de decisión a quienes sólo van a poner su esfuerzo en el bien común.

Pues bien, entre otros en este DIARIO DE AVISOS, los días 30 y 31 pasados nos ha permitido conocer proyectos y decisiones de la Coalición Canaria (CC) adoptados en su III Congreso que, como es práctica habitual de dirigentes, asesores y propagandista de nuestra clase política, agrediendo a nuestra lengua y al correcto uso y significado de las palabras, califican de 'nacional' lo que sólo es regional, insular o local. Es la técnica del charlatanerismo político, que repite el bulo para que se haga una verdad popular.

En esa información, DIARIO DE AVISOS traslada a sus lectores que CC quiere elevar a enseña del Gobierno autonómico canario la bandera que hicieron suya Antonio Cubillo y sus adláteres, creadores de una banda terrorista que ejerció en Canarias, con base y apoyos en Argelia, Libia y Venezuela, desde el año 1964. Para respaldar la noticia recurre a recoger la versión del propio Cubillo, pero no la acompaña de otra especializada de contraste para no dejar indefenso al lector común.

Cubillo es un propagandista manipulador de la Historia de Canarias. Por supuesto que el fundador del MPAIAC no ha inventado bandera alguna, sólo se apropió de una versión alterada que fuerzas internacionales antiespañolas patrocinaron en La Laguna en la década de 1910, de la que aquéllos y Cubillo ignoraban el verdadero origen y significado, porque desconocían y desconocen toda la real Historia de Canarias que sólo se conserva en los viejos documentos guardados, en su mayoría, en archivos oficiales.

La cacareada bandera inventada por el populista Cubillo no es otra cosa que la bandera general de la isla de Tenerife instaurada durante el Gobierno de Alonso Fernández de Lugo. El lector que quiera saber la verdad sólo tiene que acudir al Archivo Municipal de La Laguna -al archivo bajo su autoridad, doña Ana Oramas- y solicitarlo indicando la signatura Sección 1ª, legajo 1-V, nº 3. Los documentos fueron dados a conocer por Elías Serra en la revista de 'Historia Canaria' y Leopoldo de la Rosa y yo mismo los hemos vertido en la prensa local. Cierto que nosotros no utilizamos la fanfarria mitinera, pero los tontos útiles deberían dejar paso a la curiosidad de leer con su propios ojos y de valorar la calidad de la prueba que tienen delante para conocer la cantidad de majaderías y disparates que no pocas veces les hacen creer sus 'carismáticos' líderes populistas.

Estamos hablando de la enseña oficial que adornó el Gobierno de la isla de Tenerife bajo Alonso Fernández de Lugo desde 1496 y que presidía la plaza mayor de La Laguna, junto al Pendón Real del Reino de Castilla-Aragón, en cualquier suceso importante que aconteciera. Aquella bandera histórica era tribarrada con los colores blanco, azul y amarillo, hecha de tafetán y adornada con una cruz colorada sin asta, la misma que, por ejemplo, decoraba las velas mayores de las naves castellanas.

En la década de 1910, un grupo de mercenarios de causa bastarda y sirviendo a intereses foráneos suprimieron la indicada cruz e, inspirados en la bandera venezolana, situaron siete estrellas. En la década de 1960, el líder del MPAIAC las pintó de verde seguramente para complacer a sus amigos musulmanes norteafricanos, porque verde es el color imperante en el Islam, no el de la esperanza por la libertad.

Como Cubillo desconoce y seguramente desprecia la real Historia de Canarias, ignora que las islas realengas, por voluntad de sus Concejos y de sus vecinos, libremente trasladada al Rey castellano de turno, se proveyeron de símbolos propios de la época. Así, en aquellos ya lejanísimos tiempos, Tenerife disponía de su propio estandarte real, que tenía por un lado las armas regias "y la punta larga" y en el otro la imagen de Nuestra Señora de Candelaria, hecho en tafetán colorado; mientras que Gran Canaria poseía el propio con las armas regias, con palmera y dos perros y diez espadas cruzadas a pares.

La atrevida ignorancia que a estos efectos adorna la personalidad política de Cubillo, que desdeña los símbolos históricos reales del pasado de Gran Canaria, transforma en vulgares lamedores lo que sólo es lenguaje heráldico y que simboliza el elemento culto que transmitiera Plinio. Porque perros en el estandarte grancanario no es sinónimo de "lametón", sino de Canaria, y forma parte de su verdadera Historia; la Historia que forjaron honradas, laboriosas, sacrificadas y sencillas gentes venidas voluntariamente de distintas partes de la Península Ibérica, de los Reinos de Castilla y Portugal, que fueron mayoría en el proceso repoblacional de las Islas, y de otras traídas por la fuerza desde el cercano continente africano, que componían mayoritariamente las minorías que se completaban con los restos de los canarios prehispánicos, castellanizados y cristianizados, y que tenían la misma consideración vasallática que los cristianos europeos.

Con su ignorancia técnica, Cubillo convierte el escudo que el pueblo canario en general solicitó en el siglo XVII al Rey Felipe IV, para tener un símbolo que representara a todo el Archipiélago, y así hace creer al cándido lector u oyente que se trata de simbología falangista, que sólo puedo entender que se refiere a la Falange de José Antonio Primo de Rivera, algo sin duda muy pasado y del siglo XX. Todo un disparate que acaso, por su sensacionalismo, tiene buena acogida en los medios informativos diarios, pero que no es contrastado simultáneamente con opiniones de expertos que protejan la indefensión cultural de los receptores del mensaje.

Pero si lo que representan los Cubillos de turno no es otra cosa que una realidad desfigurada, sobrecogen las aclaraciones de Adán Martín y de su colección de exfranquistas, exucedistas, exaliancistas, excomunistas y varios ex más, que acreditan la misma ignorancia de la real Historia de Canarias y desde parecidas fórmulas que Cubillo, con el agravante de que ellos controlan las Islas desde el Poder político y económico.

Señor Martín: La infinidad de huesos de los repobladores históricos que desde finales del siglo XV forjaron al actual pueblo canario, que abonan el volcánico suelo insular, que antes lo fertilizaron con sus sudores, lágrimas y sangre, y lo humanizaron con sus penas y alegrías, rechinan desde su descanso eterno cuando le oyen disparatar con majaderías del tenor de "Canarias fue una colonia en la expansión atlántica del Reino de España".

Como lo suyo, en este ejemplo, no es falsedad interesada sino error inercial mitinero, le regalo la información -en contraposición con lo caro que nos cuestan sus asesores- de que los documentos históricos que se custodian en los archivos oficiales bajo su autoridad dicen cosa contraria. Sólo hablan de una provincia ultramarina andaluza, con iguales leyes que las de cada territorio jurisdiccional del Reino de Castilla y que se desarrollaba desde el esfuerzo cotidiano de su población estable propia, con la ayuda de las generalmente vacías arcas de la Corona. Aquellas gentes actuaban, pensaban y sentían como castellanos que eran, de la misma manera que hacían las gentes de las otras partes del Reino.

La clase política dirigente canaria, de la que usted forma parte, debería cultivarse un poco más porque hasta sus eslóganes esenciales los dicen dándole un puntapié a nuestra lengua. Naturalmente que 'canariedad' es un disparate, un barbarismo coloquial extendido desde la culpable ignorancia de sus asambleas y mítines. ¿Le suena acaso a usted bien 'hispaniedad'. Canaridad, señor presidente, canaridad como hispanidadů y es que esa LOGSE y la cultura improvisada aprendida en unas tardes juegan malas pasadas. Pero, claro, usted, como Cubillo, lidia a toro pasado. Primero siembran unos mensajes interesados y luego los convierten en "lo que el pueblo tiene asumido".

Tengo que terminar, porque es imposible sintetizar más y el espacio es limitado, pero no puedo dejar de transmitirle a Paulino Rivero que su práctica de metamorfismo político y de la acción pactista con el Poder imperante en cada momento sólo es propia de cambulloneros del puerto de Santa Cruz, y buen ejemplo es lo bochornoso de su intervención como presidente de la llamada comisión para esclarecer los sucesos de 11-M. Afortunadamente nuestro país, nuestra única nación aún cuenta con gentes de la calidad humana de las Irene Villa por las que aún vale la pena vivir en España. Sí, le hablo de una niña despedazada por la acción de ETA, por el sello del nacionalismo radical. Sí, los de conciencia delicuescente.

Si algún día las bombas marroquíes hacen volar por los aires la refinería de Santa Cruz de Tenerife, o los depósitos de combustible de La Isleta -lo cual no es descartable dado el islamismo radical que asola ese país-, las estaciones generadoras de Unelco-Endesa o las reguladoras de Emalsa o Emmasa o similares, ya veremos cuál es su papel en las trincheras canarias. Y es que primero todos ustedes debieron aprender la real Historia de Canarias y luego ponerse a dirigir nuestro territorio y a nuestras gentes.