CUBA 98: MACEO; ¿MUERTE EN COMBATE O EMBOSCADA?

Waleriano Weyler y Nicolau, Marqués de Tenerife, desembarca en el Puerto de La Habana el 10 de febrero de 1896, confirmado en el mando total y con amplios poderes de actuación, civiles y militares, es recibido con multitudinaria manifestación de apoyo en el mismo puerto y por las calles hasta el Palacio de Capitanía.

Las principales peripecias de carácter oficial, desde su propuesta en España hasta su toma de posesión en Cuba, aparecen recogidas con carácter exhaustivo en los periódicos nacionales de la época, entre ellos "Diario de Tenerife", y muchos extranjeros.

Como ya habían previsto los principales jefes cubanos en la ya considerada guerra como tal, Maceo y Gómez, la llegada del notorio general iniciaba una fase nueva en la estrategia militar española. Weyler sentía total desprecio por la "benevolencia" usada por Martínez Campos, que dio lugar a la llamada "Invasión del Oeste" y a las correrías de los principales jefes insurrectos cubanos en las mismas puertas de La Habana desde las provincias limítrofes, donde permanecían a la llegada y toma de posesión del Capitán General.

Más, evitar que Weyler pudiera vanagloriarse de posibles éxitos militares para ahogar la rebelión, en abierta guerra en toda la Isla, constituía el plan estratégico ideado por su oponente el General de color Antonio Maceo, llamado el "Titán de Bronce". Ansiaba mostrar al mundo, y especialmente a la prensa de la época, lo fácil que resultaría aparecer con sus fuerzas en las mismas puertas de la capital en el preciso momento en que llegara el legendario Weyler.

A estos efectos y para acallar las manifestaciones de júbilo prodigadas por los denominados "voluntarios españolistas", determinó atacar el poblado de Jaruco, días antes de la arribada del Marqués de Tenerife, fácilmente conquistado y con incautación de valioso material de guerra en los modernos fusiles denominados Máuser, municiones y otros.

Sin embargo dos meses después y como táctica bélica acordada procuraba esquivar la batalla campal con los españoles, si bien a veces el enfrentamiento era irremediable obligado por los esporádicos acosos del enemigo, cual fue la batalla de Cacarajícara el 30 de abril. Allí perdió unos 200 hombres y más tarde 39 en Las Lajas en otro encuentro, producto de la estrategia usada por Weyler desde la trocha Mariel-Majana recién creada por el mismo, consecuencia del sistema ofensivo-defensivo.

El duelo entre Weyler y Maceo continuaba en el otoño sin que las fuertes lluvias de aquel año lo impidieran. El general y líder negro permanecía en las montañas de Pinar del Río, sin atreverse o por que no lo considerara conveniente, a romper la moderna línea fortificada con corriente eléctrica que atravesaba la Isla.

Weyler, el 21 de octubre, dictó el famoso bando de concentración que alcanzaba a la región controlada por Maceo y que decía: "Toda la población de Pinar del Río que viviera fuera de las fortificaciones de las ciudades habría de trasladarse en un plazo de ocho días, hasta los lugares designados por el Mando".

A partir de aquel momento se consideraría rebelde a todo el que se encontrara fuera de una ciudad. Dos semanas más tarde el propio Valeriano Weyler emprendía "la cacería feroz del que fue su más formidable enemigo en la guerra cubana: José Antonio de la Caridad Maceo y Grajales, general mambí de Santiago, tez oscura y enemigo de España, al que los cubanos llamaron y llamarán siempre El Titán de Bronce".

Pero una circunstancia inesperada nubló la estrella del valiente guerrero. El 29 de octubre recibió órdenes de su superior el general Máximo Gómez, pidiéndole que atravesara urgentemente las trochas españolas y regresara a Camagüey en su ayuda.

No era la primera vez que el General en Jefe del ejército rebelde hiciera tal solicitud, que siempre logró sortear. Esta vez la cosa era más seria, pues se debía a serias disenciones en la cúpula política del gobierno revolucionario cubano con la que Gómez discrepaba militarmente, así como por su carácter individualista y egocéntrico.

Conocía, al solicitar la comparecencia de Maceo, y era consciente del peligro que correría al atravesar las líneas españolas bien protegidas por la estrategia de Weyler; si bien también Maceo había llevado a cabo una organización militar eficaz "con cien hombres bien entrenados" en torno al mito de la invulnerabilidad del sistema de la trocha creada por Weyler y su ejército.

A la vista de estas circunstancias queda claramente descubierta la existencia de una gran crisis que ponía en peligro la misma Revolución cubana de liberación, que tan firme parecía unos meses antes, circunstancia que no es ajena la referida táctica militar de Weyler.

Maceo que se dispuso a acatar la órden superior, cuyo cumplimiento le costaría la vida, puesto que conociendo al viejo general dominicano, intuyó la gravedad de la situación y por tanto que tal requerimiento fue decidido sólo después de un cuidadoso análisis del prudente Máximo Gómez.

Antonio Maceo se dispuso a cumplimentar el llamamiento de su superior dirigiendo la marcha hacia la empalizada de Mariel que obligatoriamente habría de sortear. Era la línea preferida del general español tranformada en un formidable obstáculo militar, equipada con luz eléctrica, torreones con vigilancia y guardada por cerca de 15000 soldados, y sin embargo no era un proyecto insalvable, puesto que el 18 de agosto, el asistente tambien negro de Maceo, Quintín Banderas, sigilosamente la había atravesado con cien hombres, aspecto éste que animó a Maceo en el plan proyectado, sin duda, a pesar del conocimiento que se tenía del nuevo armamento español, el temido fusil tipo máuser, y especialmente el enmarañanado servicio de información de Weyler, unido al prolífico plantel de traidores, servidores y "rayadillos" como llamaban en Cuba a los que abrazaban la causa española.

Maceo, conocida la información optó por rodear la trocha por el mar a la altura de Mariel, en barco, con diecisiete hombres escogidos.

En la noche del 4 de diciembre consiguieron pasarla, burlando la guarnición española y la cañonera costera --por la neblina existente--, yendo a refugiarse en La Merced, un trapiche abandonado para contactar con unidades rebeldes de la provincia de La Habana, previamente avisadas del plan que, puesto en marcha en la localidad de San Pedro, consistía en atacar la población de Marianao, muy próxima a La Habana y una vez que se obtuviera éxito en la acción, podría significar, a decir de Maceo, la inmediata destitución del general en jefe español, Valeriano Weyler y Nicolau.

Sin embargo, es necesario recordar aquí el conocido tópico extraído del refranero español que dice: "El hombre propone y Dios dispone", a lo que habríamos de añadir, que es éste otro oscuro acontecimiento que la Historia guarda en sus todavía muchas de sus incognitas indescifrables. Nos referimos al hecho valeroso protagonizado por Maceo, en cumplimiento de órdenes superiores, cruzando una línea militar tenida por inexpugnable, sin hombres, sin información, y conociendo que al otro lado le esperaba su mayor enemigo, que tenía como órden del dia permamente la caza y captura del general rebelde que más le "incomodó" en la contienda cubana a la que fue enviado desde España con único fin: ganarla.

Tomando datos extraídos de biógrafos del líder negro, en especial José L. Franco, analizamos este lamentable hecho para la historia de la Isla por la pérdida del valeroso general, empecinado en liberar a Cuba e independizarla de España, texto que lo expresa, a partir del momento que Maceo cruzó la trocha por Mariel, de la forma siguiente: "Provisto de caballos por las fuerzas - insurrectas - de la provincia de La Habana al mando de Sánchez Figueroa -coronel jefe de la brigada del sur que había acudido a San Pedro de Hernández, Punta Brava- , se dirigió con 72 hombres a dicha población de San Pedro.

Sorprendidos por numerosas fuerzas al mando del Coronel español Cirujeda, entablándose un cambate que Maceo estimaba ganado por sus hombres -realmente disponía de pocas fuerzas.

Pero allí moriría cruzado a balazos, el héroe epónimo de la Nación, el revolucionario más consecuente y decidido de nuestras gestas libertadoras.

Junto a él también caía -crueldades del destino-, el hijo del General en Jefe, Pancho Gómez Toro", que acompañaba a Maceo para reunirse con su padre, a requerimiento de éste.

Añade dicho texto que "con esta muerte perdía la revolución -del 95- al hombre capaz de librar el "Ayacucho cubano", antes de que el imperialismo norteaméricano -al que Maceo defenestraba por temor a las apetencias ya desatadas sobre Cuba- desencadenara la intervención armada -en el Caribe-, y con la seguridad que al igual que en "la Protesta de Baraguá ", el 15 de marzo de 1878, ante Martínez Campos -existe el convencimiento de que Maceo, jamás hubiera aceptado la afrentosa Enmienda Platt". El profesor cubano D. José Cantón Navarro, en su libro "Cuba: El desafio del yugo y la estrella", sobre la muerte del líder negro, en la página 68, indica:
"Al morir el Titán de Bronce presentaba en su cuerpo 26 cicatrices de arma de fuego. Había peleado en más de 900 combates y le rodeaba una leyenda de invulnerabilidad, por lo que fue muy difícil para las tropas mambisas aceptar la realidad de su caída. Cuba perdía con él, no sólo a un jefe militar y guerrero extraordinario, sino también a un líder de pensamiento revolucionario radical y de una lealtad extrema a la causa independentista, a la unidad de las fuerzas patrióticas -por las que murió- y del pueblo en general, así como a los ideales antimperialistas, latinoamericanistas e internacionalistas que guiaron su vida".

Otras fuentes de investigación histórica, profundizan y añaden datos sobre este hecho de gran repercusión en la prensa y en el mundo de la época.

España lo celebró como triunfo militar e incluso en Canarias, en cuya capital, Santa Cruz de Tenerife, sede de la Capitanía General, a cuyo frente estuvo Weyler desde 1878 a 1883, hubo "todo tipo" de celebraciones.

Al difundirse la muerte de Antonio Maceo, el capitan general, un navarro de bigote felpudo y traza avinagrada, a decir de Raúl Roa, organiza un ostentoso "Te Deum" y una demostración pública de júbilo.

Muchos isleños permanecen ausentes de estos actos, al igual que ocurriera con la caída y muerte de Agramonte, ya que se sienten "canarios" y no españoles.

Los peninsulares que desfilan al frente del desordenado cortejo portan la efigie del general Weyler. Llenan el aire con insultos, bravatas y groserías.

Algunos manifestantes, ebrios de alcohol y de sevicia, proponen a gritos asaltar las casas de Ramón Roa, el cubano desterrado a Canarias por órden de Martínez Campos, y de su amiga Aurelia Castillo González.

Ramón Roa, dice su nieto, les espero revólver en mano en la azotea de su casa santacrucera, en compañía del amigo isleño, su protector Manuel Rallo, que había desempolvado su escopeta de caza. Los provocadores sólo se atreven a merodear por las inmediaciones. Días después aparece embarrada de inmundicias la puerta del cabildo insular tinerfeño en señal de protesta, y es partir de aquel momento cuando la policía española perseguiría a Roa a todas partes".

Es lógico, que este singular acontecimiento, desde cualquier perspectiva, produjera en los senáculos políticos, la prensa y la opinión pública de la época, el consiguiente "revuelo" en cuanto a las opiniones vertidas sobre el hecho y sus consecuencias para la insurrección cubana derivada a plena guerra, en aquel momento con aparente signo favorable a España.

Los corresponsales tergiversaban las noticias a conveniencia de sus líneas de actuación periodísticas. En la prensa neoyorquina, la que más de cerca seguía los acontecimientos, se dijo que Maceo había sido asesinado a traición o que le habían invitado a parlamentar y en el acto le habían matado, que no es de extrañar conocidos lo métodos y actuación de los servicios de información españoles, en especial los de Weyler, en aquella guerra, cuya culminación fue una emboscada en la que cayó el líder.