LA CAÍDA DEL TURISMO

El Periódico , 22-7-04

 

El 11-S, Irak y Afganistán sólo han servido para tapar el agotamiento del modelo turístico español.

JOSEP-FRANCESC Valls
Catedrático de ESADE

Cada vez me interesa menos seguir día a día, hora a hora, la evolución de la ocupación turística de nuestras costas cuando llegan los meses de junio, julio y agosto. Es como si a cada minuto contara la calderilla que llevo en el bolsillo. Los balances se realizan a fin de año y en turismo debería ser igual. Por eso, lo que de verdad me preocupan son los malos resultados continuados de las empresas que se dedican mayoritariamente al sol y playa.

Lejos de encarar en los últimos años el futuro del sector cuando empezaban a percibirse síntomas de agotamiento del modelo, los graves conflictos del 11-S, y de las guerras de Afganistán e Irak no han servido más que para esconder el problema.

¿Tenía la ecotasa la culpa de la caída del turismo de Baleares? No. La culpa de la caída de las ocupaciones en la costa española, salvo contadas excepciones, ¿la tiene la coyuntura internacional, la crisis económica de algunos de los principales países emisores o la emergencia de ofertas más baratas? No sólo son exógenas las razones, sino que la mayoría son de origen endógeno: El crecimiento desaforado de la oferta turística en el litoral en los últimos años (sobre todo en Levante y en Andalucía).

El círculo vicioso del ahogo financiero de los municipios turísticos, dejándoles como única vía de ingresos fiable la concesión de licencias de construcción, lo cual coloca importantes decisiones de planificación turística más cerca de los despachos de las inmobiliarias que de los intereses generales.

La facilidad de ganarse bien la vida en el sector desde hace años: declaraba el otro día el consejero delegado de la cadena hotelera Riu: "El turismo tiene que conformarse con ganar menos"). El recurso a lo público cuando las cosas van mal: (terciaba el secretario general de Turismo, el catalán Raimon Martínez Fraile, en el Fòrum, a los empresarios, la semana pasada: "No me pidan que les reestructure los destinos, mientras están ustedes invirtiendo y ganando dinero en el exterior").

Se nos llena a todos la boca de agua al hablar de sostenibilidad, de Agendas Locales 21 y, cuando buscamos experiencias concretas para mostrarlas, nos vemos obligados a citar casos de otros países, de otras latitudes. (Por cierto, los dos grandes esfuerzos de gestión sostenible en España, Calvià y Lanzarote, se terminaron al cambiar de manos el equipo municipal). La falta de renovación de una gran parte del parque inmobiliario y de la oferta en general de la costa. La excesiva proporción de alojamiento de uso turístico, un negocio poco transparente, frente al hotelero, que incluye cámping y casa rural, que augura arriesgados trasvases de clientes entre uno y otro en los momentos de crisis. La debilidad del posicionamiento de muchos destinos que se han convertido en commodities, sin personalidad, sin autenticidad; la escalada de descuentos y ofertas no sólo en las temporadas valle sino en las consideradas altas son prueba fehaciente. Muchos de nuestros destinos de playa basan su éxito, como en los años históricos, en que crezca el número de turistas, cuando lo que verdaderamente aprecian, y están dispuesto a pagar más por ello, es el valor de la experiencia. Muchos empresarios turísticos no han percibido todavía que los clientes tienen otro concepto de las vacaciones: fragmentadas, más cortas, mezclando distintos productos, y siguen ofreciendo el mismo paquete que hace 30 o 40 años.

Las encuestas son crueles cuando indican que los alemanes o los franceses (mercados vacacionales que han caído fuertemente el último año) gastan prácticamente lo mismo en viajes que antes de su crisis económica. En efecto, siguen consumiendo sol y playa, pero en otros lugares más baratos, como Croacia, Bulgaria, Turquía...y adicionalmente, mientras abandonan nuestras costas, los encontramos recorriendo el Camino de Santiago, visitando la Salamanca cultural, la Ruta del Císter, comiendo el menú Dalí o viniendo a Barcelona a los coloquios del Fòrum. Hay zonas como Catalunya donde se viene replanteando el sector desde posiciones muy sensatas, por ejemplo, en el Debate Costa Brava de la primavera, en el proceso hacia el Congreso de Turismo de otoño de las Cámaras de Comercio o en los simposios de turismo de ESADE. Además, una de las primeras medidas del tripartido consistió en reservar determinadas zonas del litoral para futuras programaciones. Esa medida, que es una de las más brillantes en favor del turismo, acabaría baldía, si no se tomaran otras más contundentes: de contención durante un tiempo definido del crecimiento de la planta de alojamiento, adaptando cada territorio a su capacidad de carga; de fomento del desarrollo de los destinos desde las aspiraciones locales implicando a todos los agentes privados y públicos; de estructuración de los productos desde la óptica de la satisfacción de los clientes, en base a combinaciones creativas, y de integración del territorio litoral con las zonas de interior fomentando las sinergias.